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Inicio > Notas > El secuestro de Fangio en Cuba

 

Suenan los tambores de la rebelión
En 1958, Juan Manuel Fangio tenía su mente puesta en el retiro de las pistas. Con la gloria y la fama que le habían dado la conquista de los cinco títulos del mundo, el balcarceño vivió una situación que hoy sigue siendo más que particular: fue secuestrado el día previo a una carrera por revolucionarios cubanos.

Por Estanislao M. Iacona


El Chueco es asediado por la prensa mundial tras su liberación.

La situación política
En 1958 la situación política en Cuba era complicada a causa de la dictadura militar impulsada por el general Fulgencio Batista. Las fuerzas opositoras, lideradas por el joven Fidel Castro, amenazaban en forma constante con derrocar al gobierno. El movimiento guerrillero de Castro, denominado 26 de julio, ejercía actos de sabotaje y cuasi atentados en forma diaria. Castro "ofrecía" la paz a cambio de elecciones supervisadas por la OEA (Organización de Estados Americanos) y el control militar de la provincia de Oriente. El día anterior al secuestro de Juan Manuel Fangio, los rebeldes habían ingresado al Banco Nacional de Cuba, quemando innumerable cantidad de cheques pero sin robar un centavo.
El segundo Gran Prix de Cuba para autos sport era parte de un programa del gobierno de Batista tendiente a mostrar al mundo que en Cuba había "orden y progreso" y que todo estaba bajo control. La competencia, a correrse en el circuito callejero de El Malecón, contaba con el antecedente que había sido ganada por Fangio en su edición anterior. Seguramente la del 58 atraería la atención del mundo entero.
Los secuestradores sabían que Fangio estaría sólo dos noches antes de la carrera en Cuba, de allí que la celeridad jugó un papel preponderante. Se pensó en secuestrarlo tras las prácticas, en el mismo circuito, pero abundaba la custodia. Otras variantes contempladas habían sido en la habitación del hotel y a la salida de un canal de televisión donde había sido invitado. Esta última fue la que en definitiva se intentó, pero una vez más la presencia de numerosos custodios, sumados a la gran cantidad de curiosos y periodistas frustraron el plan.
El día previo a la carrera, Fangio concurrió por la tarde a un cóctel en el hotel El Nacional y un incidente con un fotógrafo alertó a uno de los secuestradores que estaba en el lugar sobre la increíble cantidad de custodios "camuflados" que había en el recinto. Las chances se esfumaban y los ánimos se exasperaban. Quedaba sólo una oportunidad ese 24 de febrero: irrumpir en el Hotel Lincoln y llevarse al campeón como fuera.

"Disculpe Juan, me va tener que acompañar"
El Chueco no daba crédito a lo que escuchaba. Como sacada de un film de trama mafiosa, la escena transcurría en el hall del hotel Lincoln, de la Habana. Empuñando una pistola calibre 45 y con pulso tembloroso, el joven Manuel Uziel, revolucionario del 26 de julio, le pidió al quíntuple que lo acompañase hasta la puerta del hotel. Para ese entonces Fangio charlaba con sus mecánicos y un grupo de amigos. Entre los amigos de Fangio se encontraba Alejandro de Tomaso, piloto argentino que luego se convertiría en empresario, quien hizo un intento por acercarse a unas cajas, y fue amenazado al igual que el quíntuple: "Cuidado, haré fuego si se vuelve a mover".
Segundos después fue Stirling Moss el receptor de idéntica amenaza. En cuestión de instantes, y con la pistola apuntando a su espalda, Fangio salía del hotel y era obligado a subir a un Plymouth negro que esperaba en la esquina. Con varios cómplices armados que cubrían la operación, el auto se alejó por la calle Virtudes, perdiéndose en la oscuridad de la noche.
A fin de no ser reconocido, Fangio pidió una gorra para disimular su "pelada", pero los captores no contaban con una. Entonces el argentino se acurrucó como pudo en el asiento trasero a fin de pasar desapercibido. A medida que el tiempo transcurría a bordo del automóvil, supo que se trataba de una broma de mal gusto, lo habían secuestrado.

Papas fritas con huevos fritos
Tras una interminable hora recorriendo la ciudad, habiendo sorteado con suerte un control policial y cambiado de auto dos veces, Fangio fue llevado a una casa vieja de varias habitaciones en donde permanecería por espacio de minutos custodiado por dos hombres. Al rato, se produjo un nuevo cambio de auto para terminar el paseo en el lugar en el cual permanecería secuestrado hasta el final de la carrera. Era una hermosa casa ubicada en El Vedado, un aristocrático barrio de La Habana.
Cuando la comitiva llegó con el secuestrado encañonado, hubo festejo general entre los numerosos presentes, lo que llamó aún más la atención de Fangio. Es que el "Operativo Fangio" había sido un éxito, el quíntuple ya no podría participar del Gran Prix, arruinando la fiesta de Batista ante los ojos del mundo. El movimiento 26 de julio acababa de concertar un gran golpe.
Los presentes solicitaron a Fangio autógrafos, a lo que el campeón no se negó, aún incrédulo. Viendo que la situación era irreversible, pero amigable el balcarceño les hizo saber que no había comido. La dueña de casa cocinó entonces papas fritas con huevos fritos para los presentes, quienes compartieron la mesa con el gran campeón. Durante esa cena todas fueron explicaciones para Fangio y pedidos de disculpas. Por la mañana la víctima desayunó junto a sus captores. Uno de ellos, Faustino Pérez le llevó el diario y le invitó a ver la carrera, cosa que Fangio rechazó por motivos obvios: no podía resistir el estar ausente.
Uno de los pedidos que el Chueco les hizo a sus captores -y que cumplieron personalmente- fue avisar a su familia en Argentina qué es lo que había sucedido y el verdadero motivo del secuestro. El plan había sido un éxito total.

El destino, nuevamente un aliado
Mas allá de su increíble intuición, destreza, agallas y frialdad para conducir y definir carreras, Fangio estuvo durante toda su carrera automovilística acompañado por la buena fortuna a quien él ayudó en forma permanente -como en Mónaco 1950- y de la que supo aprender muchas cosas. De allí que no resulte ilógico saber que tras el secuestro, el Chueco les dijo a sus captores: "Tal vez ustedes sin saberlo me hayan hecho un gran favor..."
Fangio sabía que la Maserati 450 S que debía conducir presentaba innumerables problemas. El auto era propiedad del estadounidense Temple Buell, quien había acordado con el manager del argentino, Marcelo Giambertone, una serie de presentaciones entre las que figuraba el GP de Cuba. El auto había corrido en Venezuela y sufrido un vuelco a volante de otro piloto. Es por ello que en los entrenamientos, Fangio hacía saber a sus mecánicos que el auto "se iba" hacía un costado. Cuando la máquina fue medida, se pudo advertir que había una diferencia de 5 centímetros entre la trocha, respecto de las ruedas de un lado y del otro. Esto, por supuesto, no fue mella para que el argentino consiguiera la pole, aventajando a un Stirling Moss que declaraba: "Es imposible andar más fuerte de lo que anduve.". Moss había marcado el mejor registro tanto el viernes como el sábado hasta casi los últimos minutos. Cuando los secuestradores ingresaron al hotel, Fangio justamente hablaba con Guerino Bertocchi, jefe de mecánicos de Maserati, sobre el problema de su auto.
Largada la carrera -sin el Chueco por supuesto- la prueba fue suspendida cumplidas cinco vueltas, debido a un accidente donde perdieron la vida seis personas y otras 40 resultaron heridas. El destino era nuevamente su aliado, esta vez en la figura de sus secuestradores.

La liberación, todo un tema
Aunque resulte increíble, la liberación de Fangio resultaría más difícil que el propio secuestro. Los líderes del movimiento 26 de julio temían que las huestes de Batista mataran a Fangio adrede para hacer saber al pueblo cubano y al mundo, que dicho crimen había sido perpetrado por los revolucionarios.
Entonces, ¿cómo "devolverlo" sano y salvo? Lo primero que pensaron fue dejarlo en una iglesia, pero el propio Fangio pidió que llamasen al embajador argentino en Cuba, Raúl Guevara Lynch -primo de Ernesto Che Guevara- acordando que harían saber que sería entregado en un edificio céntrico de La Habana, cuando en realidad sería liberado sano y salvo en la casa del embajador.
El Chueco fue conducido por dos jóvenes y una mujer hasta la casa del embajador donde lo dejaron junto con una carta de disculpas en la que expresaban la finalidad del secuestro. 27 horas después de haber sido secuestrado, Fangio hablaba con la prensa recalcando el "excelente" trato que había recibido.

Mis amigos los secuestradores
Tan buena fue la relación del Chueco con sus captores que, a partir del secuestro, varias veces volvieron a encontrarse. Arnold Rodríguez, uno de los guerrilleros que había intervenido en el operativo, le dijo a Fangio que cuando fueran gobierno lo harían "invitado de honor". Cumplieron, pero Fangio no pudo visitar Cuba hasta veinte años después, cuando como presidente de Mercedes Benz Argentina concretó con el gobierno cubano la venta de unos camiones. En el vigésimo quinto aniversario del secuestro, Fangio recibió un telegrama de parte de sus "amigos" los secuestradores rememorando aquel episodio.
Esa no fue la única vez, el quíntuple también fue saludado vía telegrama, tras su operación de by-pass (unos meses después del mentado aniversario) y en su cumpleaños número 80. El mismo Arnold Rodríguez viajó a la Argentina en 1992, al cumplirse seis años de la inauguración de museo Juan Manuel Fangio, en Balcarce.
Quizás esta "anécdota" con final feliz y la amistad que se generó entre Fangio y sus secuestradores, hable a las claras de la increíble y cautivante personalidad que tenía. Y una vez más demuestre que para ser un gran campeón hacen falta atributos no sólo deportivos.


 

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