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Inicio > Notas > Mito y leyenda de la Fórmula 1

 

¿Por qué Ferrari?
La escudería de Maranello, hoy reconocida mundialmente, nació como un pequeño emprendimiento de Don Enzo Ferrari alistando autos para Alfa Romeo. Nadie podía adivinar hace 50 años que el Cavallino rampante se transformaría con el tiempo en un símbolo de aristocracia y pasión.

Por Estanislao M. Iacona


Cuatro 156 F1 esperan su turno en Monza para el Gp de 1961.

Desde el comienzo mismo del campeonato mundial de Fórmula 1, instaurado en 1950, Ferrari ha tenido una activa participación. Sus autos han dado batalla desde aquel entonces hasta la actualidad ganando gran cantidad de carreras, campeonatos de pilotos y de constructores. Siempre Ferrari estuvo asociada con el triunfo, con la pasión y con los grandes nombres de la Fórmula 1. Los argentinos tenemos un lugar importante en nuestro corazón para Ferrari por varios motivos. José Froilán González fue el "niño mimado" de Don Enzo Ferrari. Fue el primer piloto en el mundo en derrotar al equipo Alfa Romeo en la recordada carrera el 14 de julio de 1951, en Silverstone, al volante de una Ferrari 375. Para Ferrari esto fue una gran alegría, aunque recibida también con tristeza. Es que Don Enzo había iniciado su carrera como piloto en las huestes del Portello y, luego, la escudería Ferrari utilizó autos Alfa Romeo hasta 1939, donde por varios motivos se puso fin a esa relación. Don Enzo solía decir "L' Alfa é la mamma di tutti..." . En el 39, y tras el comentado divorcio, nace Alfa Corse, la división de competición de Alfa Romeo y unos años más tarde, la casa Ferrari como fábrica y escudería propia. Fue también Pepe González -junto a Maurice Trintignant- quien ganó las míticas 24 horas de Le Mans para Ferrari en 1954, convirtiéndose en el único argentino ganador de la prueba. A la vez González obtuvo un subcampeonato del mundo de Fórmula 1 para la marca en 1954, al mando de una Ferrari 625. Argentina tenía por aquel entonces al campeón: Juan Manuel Fangio (Mercedes Benz) y al subcampeón José F. González (Ferrari). Mas allá de esto, y ya a nivel mundial, Ferrari logró su fama -y mística- a base de triunfos y campeonatos. La historia comienza con los campeonatos del mundo obtenidos por el italiano Alberto Ascari. Tras la retirada de Alfa Romeo de las pistas, ganadora de las dos primeras ediciones del campeonato mundial, la Fórmula 1 tuvo a Ferrari como dominadora en los años 1952 y 1953 y a Ascari como el hombre a batir. En el 52 ganó el campeonato consiguiendo 36 puntos, venciendo en los Grandes Premios de Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Holanda e Italia, pilotando las Ferrari 166, 375 Fórmula 1 y 500 F2. En 1953 repitió los lauros ganando en Argentina, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña y Suiza, al mando esta vez de las Ferrari 166, 500 F2 y 553 F2. El 26 de mayo de 1955 Ascari pierde la vida probando una Ferrari en el autódromo de Monza, Italia.

En 1956, y con tres campeonatos en su haber (1951 con Alfa Romeo; 1954 y 55 con Mercedes Benz), Juan Manuel Fangio habría de ganar su cuarto título del mundo al mando de un auto de la casa de Maranello, la D50. Con este bellísimo monoposto Lancia-Ferrari, Fangio consiguió tres resonantes victorias: Argentina, Gran Bretaña y Alemania, obteniendo 30 puntos y entregándole a Ferrari su tercer campeonato del mundo. En 1958, y tras el retiro de Fangio de las pistas, Mike Hawthorn se convierte en el nuevo campeón mundial. El inglés piloteó la Ferrari 246, ganando sólo la prueba de Francia pero obteniendo 42 puntos. Ferrari ya era dueña de cuatro campeonatos. La Fórmula 1 tuvo por primera vez en 1961 un campeón estadounidense: Phill Hill. Tras la desgraciada muerte de su compañero de equipo, el alemán Wolfgang Von Trips, ocurrida el 10 de septiembre de 1961 en Monza, Hill dominó el campeonato del mundo de ese año al mando de la Ferrari 156, obteniendo así el quinto título para Ferrari, tras ganar los GP de Bélgica e Italia y sumando 34 puntos. Tres años más tarde un motociclista inglés es quien da lucha por el título del mundo, se trata de John Surtees. Al volante de la Ferrari 158 se laza con la victoria en Alemania e Italia, acumulando un total de 40 puntos y dándole a la casa Ferrari su sexto título. En los anales de la Fórmula 1 es la primera vez que un motociclista profesional llega a la categoría para ganar el título. En la preguerra -vale recordar- Tazio Nuvolari y Achille Varzi hicieron sus primeras armas con dos ruedas, pero en aquel entonces el campeonato del mundo de Fórmula 1 aún no existía.

Para 1974 un vehemente y frío volante austríaco firma para la casa Ferrari: Niki Lauda. Su previo paso por la BRM lo fue sin pena ni gloria, aún así era del agrado de Don Enzo. Sin lugar a dudas Niki Lauda fue el "último gran campeón" de Ferrari. El último campeón que despertó y enloqueció a los tifosi. En 1974 obtuvo dos victorias: España y Holanda. Al año siguiente contó con una máquina competitiva y testeada: la 312 B3. Impuso su clase ganando en Montecarlo, Bélgica, Suecia, Francia y Estados Unidos. Sumó 64,5 puntos y se convirtió por primera vez en campeón del mundo. En 1976 el campeonato se le escaparía en la última carrera, en el GP de Japón. Sin embargo Niki encontraría revancha en 1977. Pilotando la 312 T2 vio primero la bandera a cuadros en Sudáfrica, Alemania y Holanda; sumó así 72 puntos y su segunda corona. Lauda corrió para Ferrari 56 Grandes Premios ganando en 15 de ellos.
Llegó 1979, y tras la partida de Carlos Alberto Reutemann a Lotus, un sudafricano descendiente de lituanos se convierte en el piloto número uno de la casa Ferrari: Jody Scheckter. Sin saberlo, con el tiempo se transformaría en el último campeón de la marca. Al comando de la 312 T4, Scheckter se impuso en Bélgica, Montecarlo e Italia, sumando 51 puntos y llevándose el titulo de campeón del mundo, el número nueve para Ferrari. Sin quitarle méritos, Scheckter recibió un auto probado y "puesto adelante" por Reutemann. El santafesino reconocería años después que alejarse de Ferrari fue la peor decisión deportiva de su vida. Para los tifossi el del 79 fue un campeonato festejado a medias: Italia quería ver campeón a Gilles Vvilleneuve. Por un motivo u otro el canadiense debió aceptar las órdenes del equipo y apoyar a Scheckter en su camino hacia el título. Gilles se había transformado en el ídolo máximo de la casa Ferrari en base a su manejo espectacular y nada especulativo; si se quiere, más parecido al que puede verse en el Turismo Carretera en la Argentina que en autos de Fórmula. Ese arrojo fue, tal vez, el que le deparó la muerte en la clasifica del GP de Zolder de 1982, a bordo de una Ferrari.

Desde el inicio mismo del campeonato del mundo, Ferrari ha sido un importante -sino su principal- animador. En torno al Cavallino rampante nació un mito, una leyenda que comenzó con Don Enzo al volante del los Alfa de preguerra: "Enzo Ferrari pilota". Después su genio inmortal fue mas allá. Hoy es la escudería que mayor número de seguidores tiene alrededor del mundo. Flamean las banderas rojas con la imagen de la Ferrari de Gilles Villenueve en Suzuka, Buenos Aires y Mónaco. Muchos "pilotos de calle" llevan el distintivo de Ferrari en su auto, en el llavero, en el parabrisas o en el guardabarros delantero. Quizás pocos repararon en algo que Ferrari tiene por sobre el resto de los equipos. Si bien es una fábrica artesanal, vende autos de calle que en su corazón son un auténtico Fórmula 1. Los otros teams sólo arman autos para correr. Quien tiene el dinero suficiente puede cambiarlo por el placer de conducir una máquina construida por las mismas personas que ponen en pista ese auto rosso que los domingos despierta pasiones. En síntesís uno puede tener un Ferrari, no puede tener un Williams o un Arrows.

En los últimos años, y tras fallidos intentos con Michelle Alboreto, Nigel Mansell y Alain Prost entre otros, Ferrari encontró en el alemán Michael Schumacher al posible nuevo campeón de la marca. Schumacher gozó hasta hace muy poco del aval total, tanto del equipo como de los hinchas. Habrá que ver qué sucede tras su fatídico 1999, la "guerra verbal" con Eddie Irvine y su dudosa falta de apoyo a su coequiper para obtener el título. Kaiser Schumi puede darle al Cavallino un campeonato y algo de los dólares que en él llevan invertidos. Condiciones le sobran.


 

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